sábado, setiembre 16, 2006



A Tal Señor, Tal Honor

Se fue el Amauta

Ha fallecido uno de los más grandes Amautas del Perú. Maestro de múltiples generaciones, pensador agudo, prolífico escritor y ante todo alma generosa, Aníbal, dedicó su vida entera a la noble tarea de transformar mentes y corazones.
Presidentes, congresistas, ministros, jueces, y muchos intelectuales del país se cuentan entre los miles de peruanos que tuvieron el privilegio de escuchar su credo humanista en alguna de las aulas escolares y universitarias que tuvieron el enorme acierto de incluirlo como docente. Y entre las últimas, figuran las aulas de los Programas Doctorales de de las Universidades Mayor de San Marcos y Federico Villarreal, donde dio sus últimas batallas.
Aníbal Ismodes, nació y vivió para educar. Muestra de ello es que muy poco antes de fallecer, cuando su dolencia parecía ya conseguir su propósito, participó en el Foro Educación de Calidad para el Desarrollo. Y su prosa, fue como toda su vida...heroica.
¡Hasta siempre Anibal! ¡Hasta siempre amigo!

domingo, agosto 13, 2006

LOS NUEVOS SALVADORES DE ESPAÑA

AUTOR: DR. ANIBAL ISMODES CAIRO

La frase “defensa de Occidente” no ha sido inventada por los hombres de los siglos de expansión imperialista europea. Ya los griegos de las Guerras Médicas representaron el papel de un escudo que oponía un modo de vivir a otro cuya concepción de la libertad era radicalmente diferente. Los fundamentos de la cultura helénica a los que se incorporó el aporte judaico, vía el cristianismo, pusieron el piso o cimiento sobre el cual se edificó la arquitectura social de lo que se ha conocido como la cultura de Occidente.

Esta cultura ha pretendido extender sus principios y llevarlos a otras altitudes. Algunas veces con bastante éxito como es el caso de América donde la occidentalización parece definitiva, pues hasta los movimientos indigenistas no se oponen a los valores de Occidente, sino que, por el contrario, desean disfrutar de ellos en toda su vivencia. En la reivindicación de lo propio se agita el reconocimiento de la importancia de los valores de occidente. Por ello reclaman la autenticidad de las instituciones y principios. Democracia, persona, fraternidad, libertad, caridad, legalidad, etc dejan de ser palabras huecas para convertirse en banderas convocadores de hombres.

Pero hay espacios adonde la concepción occidental no ha logrado penetrar. Son espacios dominados, casi siempre, por alguna idea religiosa más potente que las ofrecidas por Occidente. Este es el caso de la religión coránica basada en la lectura de ese libro dictado por Mahoma y que recibe el nombre de Coran. Lo curioso es que muchos hombres situados o habitantes del Oriente de Europa, muy al Oriente, fueron cautivados emotivamente por el contenido de ese volumen y formaron una sociedad teocrática con un juicio de las realidades temporales diferenciados de los occidentales ya cristianizados.

El ánimo religioso se trasladó a la empresa bélica y desde la Arabia que, por esos siglos era bastante atrasada, se emprendió una fulgurante serie de conquistas. Pronto llegaron hasta la India y hoy día Afganistán y Pakistan, son centros islámicos bélicos; avanzaron hacia las Filipinas implantando sus mezquitas en las costas del Océano Pacífico y también se lanzaron sobre Egipto, Grecia, el norte de África: Marruecos, Argel, Sudan e invadieron España. Es decir: ocupaban ya parte de Europa Occidental. El franco Carlomagno los detuvo en los Pirineos poniendo un dique a la inmensa ola expansiva.

Setecientos años tardaron los europeos de Occidente para reconquistar el territorio donde los musulmanes forjaron el reino del Andaluz y al cual vuelven en calidad de migrantes. Sólo que ahora Al Queda, probablemente, les ofrece la oportunidad de un regreso imperial aprovechando la debilidad del hispano occidental. Es un hecho que hay cada vez menos españoles. El aburguesamiento familiar se ha inclinado por un control de nacimientos, obviamente sin sentido de la historia y fácil víctima de los audaces que, al final de cuentas, siguen siendo los dueños de la Historia. Como decía el filósofo George Santayana: los pueblos que ignoran su historia están obligados a aprenderla.

Claro es que España tiene una reserva: sus emigrantes de América. Aquellos que llamó sudacas y explotó durante siglos; pero que asumieron su cultura: su lengua, sus creencias y la posibilidad de un destino común. España, para amurallarse frente al marroquí musulmán debe ser más abierta para el hispanoamericano. Para el peruano, el ecuatoriano, el centroamericano, el mejicano, el cubano. El Occidente europeo salvado por su periferia india. Los americanos que no somos el Occidente de Asia y si el de Europa renovando los viejos ideales con los cuales el Occidente europeo hizo progresar al hombre enriquecidos ya con el humanismo de una nueva Utopía.

5 de abril de 2004

El Profesor Ismodes (por Sergio Vilela Galvan)

Del libro "El Cadete Vargas Llosa" de Sergio Vilela Galvan

pg.148

Sin embargo, Vargas Llosa también se interesó por algunas clases, aunque fueron pocas. Así consta en su libreta de notas. Su curso favorito fue Historia Universal y el mejor recuerdo que guarda de la enseñanza del Leoncio Prado se lo debe a Aníbal Ismodes, quien por coincidencia es el único profesor de esa época que aún está vivo(sic) con cerca de noventa años (sic). "Fue un magnífico profesor a quien me fascinaba escuchar. Me gustaba su curso porque tenía mucho que ver, además, con cosas que yo estaba leyendo. Lo que aumentó mi curiosidad por Europa. Todo esto tenía que ver con Francia, con la revolución francesa y esas clases yo recuerdo haberlas escuchado fascinado".
Cuando hablé con Aníbal Ismodes le conté que el escritor le recordaba con mucho cariño. Le dio mucha alegría, pero pude notar en su rostro que la imagen del cadete Vargas Llosa era tan difusa como la de los centenares de cadetes que pasaron por sus clases durante los años que fue un infatigable profesor del Leoncio Prado...

Esta parte del libro narra la última reunión por los cincuenta años de la 7 promoción...

Para las familias acomodadas el Colegio Militar dejó de figurar como alternativa, porque, según ellos, el nivel de la enseñanza había decaído enormemente. Ya no enseñaban esos excelentes profesores que recordaba Vargas Llosa, como Flavio Vega Villanueva, Humberto Santillán Arista, Aníbal Ismodes, Alberto Tauro del Pino, Antenor Samaniego o César Moro, sólo por mencionar algunos. Por eso hasta hoy entre los cadetes de la séptima promoción, el orgullo de sus profesores sigue siendo un lugar común... (pg. 174)

...la misa terminó y los cadetes se levantaron de las sillas para seguir con el programa. Los organizadores habían logrado ubicar a Aníbal Ismodes, quien fue profesor de la 7° promoción y que ahora tenía cerca de noventa años. Iba a dar una clase maestra de historia universal. Todos estaban esperando afuera del pabellón, a que llegara el profesor Ismodes. A lo lejos, tres personas se acercaban lentamente. El profesor se desplazaba con seguridad, empuñando con ritmo su bastón. Parecía que su cojera no era nueva porque se movilizaba como un experto. Vestía una gabardina gris que lo cubría hasta las rodillas y sólo dejaba asomarse el cuello de su camisa y el final del pantalón negro. Tenía un bigote casi del ancho de su nariz y una barba blanca que redondeaban su aspecto de maestro antiguo. Su voz, provista de una cadencia hipnotizadora, era la de un hombre sabio. Cuando la clase comenzó se oyó en el aula un suspiero general.Y cuando terminó, los aplausaos no se detuvieron con nada. Su clase había sido tan emotiva que provocaba ir a abrazarlo. Habló del Perú, de la vocación de maestro, de la responsabilidad de educar y de lo agradecido que estaba porque el Leoncio Prado le había permitido formar "hombres de bien". Todos quisieron tomarse fotos con el diminuto Ismodes, que por momentos desaparecía entre la multitud. Con enorme calma se fotografió con uno y con otro, escuchó elogios y recibió halagos sin exaltarse, recordó las caras de los alumnos que querían ser recordados, y se despidió de cada uno como si los fuera a ver pronto. El profesor Ismodes bajó las escaleras apoyándose en la baranda a cada escalón, y cuando llegó al final, todos los cadetes se acomodaron en las gradas como si fuera una tribuna, para tomar una última foto. Al poco rato el profesor desapareció entre los pabellones al lado de la comitiva que lo había recibido... ( Pg. 219)